Yo Como El Otro

En la antropología, el otro en un principio fue aquel que, como minoría, escapaba de la dinámica “normal” del pensamiento occidental y era necesario estudiarlo para entenderlo y así occidentalizarlo (o integrarlo, o educarlo, o civilizarlo). Eran más que nada pueblos considerados inferiores en cuanto a evolución y/o progreso, que había que investigar para conocer sus diferentes dinámicas y así “volverlos al redil” de una u otra forma… para bien de ellos. Ya con Franz Boas (por 1920 ­‐40) se comienza a hablar de multiculturalismo y a aceptar las diferencias entre grupos, considerándolas todas válidas y sin clasificarlas linealmente de inferior a superior. También se comienzan a investigar a sí mismos, es decir, los antropólogos investigan sus propios entornos, sus sociedades occidentales: la estadounidense, la inglesa, la francesa. El otro entonces se convierte en algo más cercano, más de igual a igual, pero que de todas formas es necesario confrontar para poder estudiarlo. En mi caso, durante mi vida en Chile siempre fui parte del común de la gente, del grupo mayoritario. Mis costumbres, intereses y dinámicas eran las mismas de mi entorno y no habían mayores roces. El otro venía siendo aquella persona extraña que se salía de la norma o que procedía del extranjero. Al venirme a México yo pasé a ser el otro. Yo tenía costumbres y pensamientos diferentes, yo era la que no me adaptaba por completo al medio, yo era la cuestionada directa o indirectamente por los que se hallaban a mi alrededor. Mi persona ya no era reforzada por mi alrededor sino que al contrario: contrastaba vivamente. Irónicamente, el ser el otro me llevó a interesarme por el grupo mayoritario, aquel del que me sentía ajena, para tratar de comprenderlo y comprenderme a mí misma en mi diferencia, para hallar nexos de comunicación que nos permitieran acercarnos sin perder la esencia ni uno ni “los otros”. Yo soy el otro y debido a este cambio de contexto creo que mi situación ya no cambiará ni siquiera en Chile. Ya soy producto de una mixtura de culturas que me diferencia de mi familia, de mi entorno primero, y me siguen diferenciando de los mexicanos. Eso sí, a pesar de las crisis, creo que gracias a eso he podido tomar real consciencia de quién soy y qué quiero de la vida, independiente de todo.


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